Aquí se forma el actor. Y, entre ensayo y ensayo, también la persona.
«El teatro es el arte de la reunión y de la imaginación». — Juan Mayorga.
↓ oberturaLas luces de sala bajan. Empieza la función.
Una compañía de teatro nacida en Granada en 2016.
Tiene algo de escuela de interpretación y algo de grupo de encuentro entre amigos, pero es, ante todo, un proyecto que entiende el teatro como oficio y como encuentro, sostenido por un grupo estable de intérpretes que vuelve, temporada tras temporada, a trabajar un texto hasta llevarlo a escena.
¿Para qué existe? Para ofrecer un espacio donde la técnica actoral se toma en serio —cuerpo, voz, personaje, texto, improvisación, creación, práctica escénica, encuentro con el espectador— sin perder de vista que quien sube a un escenario también se transforma fuera de él. Cada producción es, a la vez, un proyecto artístico y un proceso de formación humana.
«Dentro de toda buena obra vive una pregunta».
— Anne Bogart.Se abren las cortinas sobre un aula convertida en escenario.
TrastévereTeatro nace en 2016 en Granada, en el entorno del colegio Escolapios Genil, de la mano de varios profesores y profesoras y amigos del cole. Lo que comienza como un espacio de trabajo actoral dentro del aula se convierte pronto en una compañía con vida propia, sostenida por el compromiso de un grupo estable de intérpretes que vuelven, temporada tras temporada, a ensayar.
Antes de esta etapa hubo un trabajo previo —más de diez espectáculos, menos profundos en el proceso pero igualmente valiosos— con títulos como El cuento de la isla desconocida (José Saramago), El caballero de la armadura oxidada (Robert Fischer), El lazarillo de Tormes o Si llovieran estrellas, con poemas de Manuel Jerez, entre otros.
Con el tiempo, TrastévereTeatro asume un ritmo propio: una producción mayor por temporada, entendida como un ciclo formativo completo —Investigación del texto, técnica, ensayo prolongado, estreno—.
El trabajo actoral se apoya en varias tradiciones sin subordinarse a ninguna: Stanislavski, Moreno, Grotowski, Brecht, Chéjov, Strasberg y Tato Pavlovsky funcionan como herramientas al servicio de cada texto y cada grupo concreto de intérpretes, nunca como doctrina fija.
Lo que sostiene la función sin que el público lo vea: misión, visión y valores.
Pavlovsky insistía en que el teatro no admite medias tintas: solo se juega a fondo, y jugar a fondo exige salir de lo concreto y arriesgarse en el territorio de la locura creativa — entrar y saber salir. Quien no se atreve a ese riesgo deja de crear y empieza a repetir palabras de otros.
— a partir de Eduardo Pavlovsky (1933–2015).El teatro se entiende como rigor técnico en la formación actoral y, a la vez, como espacio de encuentro humano. Ninguna de las dos dimensiones se subordina a la otra: se ensaya para actuar mejor y, al mismo tiempo, para conocerse y reconocerse mejor. Cada temporada se construye desde ese doble compromiso, sin renunciar nunca a ninguno de los dos.
Ser un lugar donde la técnica teatral y el crecimiento personal avancen juntos. El escenario puede alojar preguntas que la vida cotidiana no sabe dónde poner —la bondad, el desamparo, la dignidad— y darles un espacio para respirar. Una compañía donde cada temporada deje mejores actores, mejores espectadores y, si es posible, mejores personas.
Los principios que sostienen ese trabajo, temporada tras temporada:
«Al otro lado del río Tíber, José de Calasanz fundó la primera escuela pública para enseñar piedad y letras. Al otro lado del colegio de los Escolapios Genil, un grupo humano diverso y caleidoscópico, con un sentimiento común de amor al teatro, ha creado esta compañía.»
Dirigidos por un ser de luz, más corazón que poeta, Antonio Caballero. Vivir el teatro es vivir lo efímero, el arte en movimiento, el recuerdo de lo que fue ya un mañana. El teatro es un lugar concreto, un momento concreto que comparten los actores y espectadores. El teatro es un proceso de transformación del que actúa y del que lo vive. Un lugar donde las emociones, las vivencias, los sentimientos nacen, fluyen y se comparten.
En la realidad de lo cotidiano, nuestro espíritu es el de la esperanza. Una esperanza que abre tiempos futuros en espacios inéditos, que posibilita nuevos acontecimientos cuando más imposibles parecen. Así en cada uno de nosotros y en cada uno de vosotros.
Abiertos al otro, con conciencia de la vulnerabilidad, con afán de proyección y cambio personal.
— Andrés Ruiz Sancho, presidente de Grupo TrastévereTeatro Granada, 24 de agosto de 2026El elenco cambia con cada producción, pero hay un núcleo que se repite obra tras obra —el grupo estable del que habla la Historia. Estos son los nombres que aparecen en más de un reparto:
Antes del estreno: calentamiento, técnica, repetición.
El trabajo semanal —calentamiento corporal y vocal, ejercicios de técnica, construcción de personaje, repetición de escenas— es donde realmente se hace la compañía.
París, 1771. Un grupo de músicos ciegos malvive tocando en la calle hasta que un empresario sin escrúpulos los recluta para actuar, vestidos de payasos, en una feria: el público pagará por reírse de su torpeza, no por su música. David, recién llegado al grupo y menos dispuesto que los demás a resignarse, empieza a cuestionar el precio de ese sustento. La obra pregunta hasta dónde se puede vender la propia dignidad a cambio de sobrevivir, y qué le queda a quien decide no venderla.
Cuando la pandemia obligó a detener los ensayos, la compañía abandonó el montaje que tenía entre manos —La buena persona de Sezuán, de Brecht— y decidió, ya con mucha cautela, inventar algo distinto: una obra sobre el propio oficio del actor, que respondiera con hechos a una pregunta que entonces parecía imposible —¿podíamos volver a soñar Todos los sueños del mundo a pesar del dolor y de la incertidumbre? Fragmentos de Los miserables, Madre Coraje, García Lorca, Ñaque, De Filippo, Chéjov, El Quijote o La lengua en pedazos, de Mayorga, entre otros, se entrelazan en un montaje que busca la identidad a través de la multiplicidad que en realidad somos. El título, tomado de un verso de Fernando Pessoa, se convierte así en pregunta y en respuesta.
En vísperas de una boda real, dos parejas de enamorados huyen a un bosque regido por las disputas de Oberón y Titania, reyes de las hadas. Un filtro mágico —y los enredos de Puck al administrarlo— trastoca los afectos, mientras un grupo de artesanos ensaya, sin saberlo, la comedia más torpe y entrañable de la noche. Al amanecer, el bosque devuelve a los amantes su deseo, emparejado de otro modo, y todo se resuelve en una boda triple.
Función que la compañía está llevando de gira ahora mismo.
San Petersburgo. Akaki Akakievich, un funcionario gris al que nadie mira, ahorra durante meses para un abrigo nuevo: la primera cosa que ha llegado a desear de verdad en su vida. El día en que por fin lo estrena, se lo roban, y la ciudad entera —desde sus superiores hasta la policía— le da la espalda. A partir de dos relatos de Gógol, la función convierte esa pérdida mínima en una pregunta mayor: qué queda de la bondad cuando una sociedad entera decide no ver a quien tiene delante.
La revista Acontecimiento (nº 159) reseñó el montaje como una reflexión filosófica sobre la dignidad humana frente a la deshumanización burocrática, trazando un paralelismo entre la Rusia de Gógol y la precariedad laboral actual, con una puesta en escena sobria y casi fantasmagórica (José A. Fernández). Más prensa · Entradas
«La bondad es una forma de resistencia» — José María Esquirol.
Lo que ya se estrenó, en imagen y en vídeo.
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Lo que se escribe cuando el ensayo termina y el pensamiento sigue.
El taller también produce escritura: reflexiones sobre el proceso creativo, notas dramatúrgicas, ejercicios trabajados en sala, apuntes de la escuela de espectadores. Este espacio recoge ese pensamiento colectivo, temporada tras temporada.
En prensa educativa
Antonio J. Caballero Jiménez, director
Máster en Investigación Teatral · Máster en Dirección Teatral · Director Psicodramatista · Investigador de doctorado sobre la Escuela de Espectadores (UGR).